FASCINADOS POR EL TRUE CRIME

JOSÉ BRETÓN

JOSÉ BRETÓN, ACUSADO Y CONFESO DE PARRICIDIO

 

Fascinados por el True Crime

FASCINADOS POR EL TRUE CRIME

José Luis Muñoz

No es nueva la moda del true crime y siempre se cita A sangre fría de Truman Capote, un reportaje periodístico en forma de novela que recreaba el brutal asesinato en una pequeña población de Kansas de los cuatro miembros de la familia Clutter, dos hijos adolescentes entre ellos, y recogía a diario la relación del escritor y periodista norteamericano con los sanguinarios asesinos Dick Hickcock y Perry Smith. Dicen que hubo un momento en que Truman Capote, mientras escribía los detalles de ese crimen execrable que le contaban sus ejecutores, empatizaba, o lo simuló, con los reos condenados a muerte. También se dice que, al final, deseaba ya que los ejecutaran para poder poner fin a su obra y que ellos se sintieron traicionados y manipulado por el autor de Desayuno con diamantes en sus últimos momentos.

Lo del true crimen está de rabiosa actualidad en nuestro país con el libro que ha escrito Luisgé Martín sobre ese asesino repugnante llamado José Bretón que mató a sus niños pequeños de una forma atroz y lo hizo para dañar a su mujer en un claro ejemplo de lo que se llama violencia vicaria. Imagino que por esa razón el libro se llamada Odio, porque ese odioso personaje debía odiar con toda su alma, si la tuviera, a su mujer para cometer esa monstruosidad, y anda la sociedad muy dividida sobre sí ese libro ha de llegar a los lectores o debe secuestrarse como sucedía en los viejos tiempos.

No voy a ser yo el que lo lea, si llega a publicarse, a pesar de la extraordinaria campaña de publicidad que ya le han hecho los medios, porque el personaje me parece un tipo despreciable en grado sumo, un monstruo cobarde convertido en Saturno con su descendencia, pero tampoco creo que se deba prohibir esa obra, que quien quiera la compre y la lea, que la esposa del monstruo no está obligada a hacerlo. El morbo tiene su publico, y ahí está, a la vuelta de la esquina, el mítico y desaparecido El Caso dando detalles de los crímenes más espantosos, y ahora los telediarios, que más parecen una crónica de sucesos que una relación de noticias.

En Cataluña hay un programa sobre crímenes reales, recreados con mucho efectismo y empaque cinematográfico, y desde el punto de vista de los familiares de la víctima, los policías investigadores, jueces, abogados y fiscales, y a veces el propio reo, que con mucho atino comercial y éxito de público sirve el periodista Carles Porta. Imagino que lo extenderá al resto de España porque Cataluña no da tantos asesinos como para llenar cincuenta programas.

El mal seduce más que el bien, es un hecho que quizá deba ser interpretado por psicoanalistas, quizá por incomprensible, porque nos horroriza y nos inquieta su existencia, ser víctimas o verdugos y experimentarlo en esos dos roles, porque lo llevamos dentro de nosotros y aflora cuando hay impunidad absoluta —la de esos soldados y aviadores israelitas que saben que por mucho que maten no van a rendir cuentas ante nadie—. El mal absoluto seguramente fue el del Holocausto nazi, por su envergadura, precisión y planificación exterminadora, pero Estados Unidos borró dos ciudades y sus habitantes en segundos, Inglaterra bombardeó Dresde con bombas de fósforo, Stalin eliminó a millones de sus compatriotas por hambre o en el Gulag, Pol Pot redujo a la mitad de la población de Camboya, en Ruanda se mataron a machetazos ochocientas mil personas y en la ex Yugoslavia los vecinos de siempre se convirtieron de la noche a la mañana en violadores y matarifes.

Parece que cuando hay impunidad, cuando no existe el miedo al castigo, esos viejos y bajos instintos atávicos afloran y el hombre se convierte en un cazador de humanos, en ese lobo que citaba el filósofo inglés Thomas Hobbes tomando la frase de Asinaria de Plauto: Homo homini lupus.

 

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