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LA DICTADURA DEL RELATO
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LA DICTADURA DEL RELATO
LA DICTADURA DEL RELATO
“No existe una regla que nos permita comprender la realidad fuera de la relación entre el Bien y el Mal. La ilusión de diferenciar el Bien y el Mal para luego promover solo a una de estas partes, ocultando a la otra, es finalmente, una ilusión absurda”. (Jean Baudrillard, 1929-2007)
A partir de Mayo del 68, se produce en la cultura occidental la mayor revolución de las hasta entonces producidas: la revolución del Lenguaje y con ella, la del Mito, Narrativa, Discurso o Relato, pues muchos nombres recibe. Siglos en la Historia de occidente en los que imperaron los Metarelatos o grandes cosmovisiones del Cristianismo, el Racionalismo, el Marxismo y el Capitalismo liberal se vieron reseteados progresivamente por una contracorriente cultural llamada Posmodernidad, que se gesta en una sociedad occidental opulenta.
Surgieron pensadores, especialmente franceses, que se enrolaron en la misión deicida inaugurada por Nietzsche. De la misma forma que Nietzsche trata en su pensamiento de matar a Dios (el mayor de los Mitos o Relatos) en la cultura occidental y quedando obligado con ello, a proponer una ética alternativa a la cristiana, que resultó inacabada, otros filósofos y pensadores trataron de continuar la destrucción de lo que ellos llamaron Relatos o Narrativas, y que no son más que principios rectores de la cultura clásica y moderna occidental: Sujeto, Razón, Realidad e Identidad.
Michel Foucault (1926-1984) critica ferozmente al Sujeto rebajándolo a la condición de ente sometido a las múltiples relaciones de dominio y poder que lo oprimen sin posibilidad de redención. Para Foucault el Ser Humano pasa de ser Sujeto a estar sujeto sin que nada excelso pueda esperarse de él: el Hombre ha muerto, imperan las relaciones de dominio y poder.
Jean-François Lyotard (1924-1998) critica ferozmente la Razón desacreditando el clásico racionalismo ilustrado y el racionalismo industrial marxista por considerarlos universalistas y dignos de incredulidad. La realidad es simple particularidad y la ética un simple juego del lenguaje. La legitimidad del poder en la era posindustrial ha de basarse en la autoridad científica y en la eficiencia que garantiza la tecnología de la información: la Razón universal ha muerto, impera la razón particular.
Jean Baudrillard (1929-2007) somete a feroz critica la Realidad, la cual ha sido sustituida por la Hiperrealidad, que es un modelo virtual y fantasioso formado por una sucesión de simulacros en el que la nota común es la extirpación de la negatividad: la Realidad ha muerto, impera el Paraíso virtual.
Jacques Derrida (1930-2004) critica ferozmente la Identidad, pues la esencia y la apariencia son realidades diferenciadas y, por ello se ha de poder deconstruir la Identidad asignada y aparente (constructo social) en favor de la Identidad elegida y esencial: la Identidad ha muerto, impera la emocionalidad frente a la racionalidad.
Y existen más autores, entre los que no me quiero dejar a Jürgen Habermas (1929), que formalmente no es posmoderno pero que parte de una semejante filosofía del lenguaje iniciada por Ludwig Wittgenstein (1889-1951), a través de la cual no sólo la realidad es lo que existe a través del lenguaje, sino que es moldeable a través del lenguaje, lo cual puede considerarse nota común de la cultura posmoderna. Para Habermas la ética es fundamentalmente el uso adecuado del lenguaje para lograr el consenso entre los intereses particulares.
En conclusión, la posmodernidad ha influido poderosamente en la cultura actual a través de algo que puede pasar desapercibido: el dominio del lenguaje sobre la realidad.
Lo que queda tras haber liquidado Sujeto, Razón, Realidad e Identidad es un muro llamado Materia que sólo puede traspasarse mediante la Ilusión creada artificialmente a través del lenguaje. Para mí, el fin último de la posmodernidad ha sido tratar de construir una ética alternativa como fase siguiente a la de destruir las certezas universales y preexistentes, que se inicia en Nietzsche, se inspira en Wittgenstein, se diseña en los pensadores posmodernos y desemboca en una playa paradisíaca de creación virtual, a la que llamaré Matrix, como la película.
La posmodernidad ha instaurado una Nueva Era donde impera la Inintangibilidad y en el que lo tangible, material y evidente son relegados a la arqueología de las viejas narrativas. En suma, la posmodernidad te fabrica una nueva realidad cuando la que vives no te gusta.
No hay palabra que más deteste en la cultura actual que esta: RELATO.
No comparto los postulados de esas subculturas, porque lo son por minoritarias, que son nada más que imitaciones cutres y caducas de un marxismo cultural decadente y obsoleto (wokismo), que beben también de las ideas de los pensadores posmodernos. La subcultura Woke no es más que una excrecencia del nihilismo del que parte y del absurdo en el que desemboca pensar que eres esencialmente aquello que imaginas ser. Que imagines ser Paul Newman no te convierte en Paul Newman.
Pero lo que me resulta absolutamente insoportable, es la manipulación de la realidad que, a través de la manipulación del lenguaje, se aplica como ingeniería social, como técnica de dominio social.
La Dictadura del Relato simple y burdamente es la interpretación autoritaria de los hechos o tragedias que todos hemos vivido en primera persona. Es la Dictadura de quien pretende contarte lo que las cosas son o cómo pasaron suplantando tu libre y personal juicio. Pretenden decirte qué has vivido extirpando toda negatividad y realismo en el juicio. Si pasaste por una pandemia o una riada, en realidad viviste una experiencia valiosa de RESILIENCIA, otra palabra espantosa. Has de prescindir de todo juicio moral y crítico que te permita señalar a los canallas y responsables de las tragedias que has vivido en primera persona.
El contexto en el que esto está pasando es el que se ha descrito en la primera parte del artículo. Con el irresponsable ataque a las clásicas referencias racionales y morales que han existido tradicionalmente en la cultura occidental, y a través de la manipulación del lenguaje, los grupos de poder están inoculando en la sociedad la idea de asumir voluntariamente el totalitarismo y, la sumisión mediante la suplantación de la realidad tangible a través de la fantasía, la ilusión y la idiotez de ser feliz sin tener nada, de ser feliz sin ser nada.
Pues he aquí el por qué la posmodernidad llega a su fin y existe un movimiento reaccionario en su contra que va a arrasar con sus postulados. El relato no posee evidencia científica, sino que solo es resultado de la corrupción periodística. Relato y resiliencia son vocabulario predilecto de tiranos y, simples palabras que pretenden la sumisión o adhesión de los idiotas.
La realidad es tangible porque supone resistencia y ello porque posee una esencia moral. El Ser Humano a la hora de tomar decisiones está constantemente realizando un discernimiento moral entre lo que le agrada y lo que le desagrada. Hasta Epicuro tuvo en su vida que pagar impuestos y tuvo que morirse. La realidad discrepa con evidencias, no miente ni falsea. La realidad es todo aquello que no se deja corromper con la manipulación del lenguaje. La realidad es lo que más y mejor se asemeja a esa Verdad a la que el espíritu humano aspira siempre de forma intuitiva. La realidad, como intuía Baudrillard, es un interrogante ético, un interrogante humano, no pos-humano.
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